martes, 1 de enero de 2008

Tal vez puedan entender

Para los de más de 40 (y para que los de menos nos entiendan...) por Eduardo Galeano Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los críos. Los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!
Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.
¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por donde se entra. Lo más probable es que lo de ahora está bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida. ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.
¡Nos están fastidiando!¡¡Yo los descubrí. Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de........... años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon. La goma solo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.
De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo' pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'.
Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo)
Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no.
Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron? En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos...
¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡Guardábamos las chapitas
de los refrescos! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.
¡Tooodo guardábamos!
Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.
Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín. Las cosas no eran desechables. Eran guardables.
¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver!!. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con que intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'este es un 4 de bastos'. Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney.
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡ minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.
Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. Ah ¡ No lo voy a hacer!
Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.
Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer.
No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour. Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.
Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea yo el entregado.

Eduardo Galeano

Colaboración de José Alberto Delmastro

lunes, 31 de diciembre de 2007

Gran fiesta de Navidad y despedida del año en Tacoronte

La Asociación Martín Fierro ha realzado el día 16 de Diciembre una fiesta para celebrar la Navidad y despedir el año 2007 en su salón de fiestas en Tacoronte.

Si queres ver las fotos del evento, hacé click sobre la foto de la cesta de navidad que está debajo de estas lineas.

viernes, 23 de noviembre de 2007

lunes, 8 de octubre de 2007

Hoy, 9 de octubre, hace 40 años del asesinato del Che

Ernesto “Che” Guevara fue un viajero incansable, un caminante cargado de ideales, cuyo recorrido sólo concluyó con su muerte el 9 de octubre de 1967, en las montañas de Bolivia, donde dio el primer paso para convertirse en un mito mundial.

A ese viaje lo había comenzado 11 meses antes, con la idea de convertir a las sierras bolivianas en génesis de una nueva revolución latinoamericana, que se desarrollaría primero en el país del altiplano para luego saltar a su patria natal, Argentina.

A 40 años de su muerte, luego de ser capturado por miembros de la CIA y del Ejército boliviano, su figura ya no genera la polémica de décadas anteriores, y su imagen se ha convertido en un ícono de la publicidad y del marketing.

Esas nuevas aceptaciones populares del “Che” no desmerecen su lucha política y su afán revolucionario, que marcó a fuego la vida de generaciones de jóvenes que lo idolatraron y también de aquellos que lo denostaron.

Su primer aventura
A los 23 años, el “Che” comenzó su primera gran aventura: el recorrido por América Latina, a bordo de una vieja moto, junto con su amigo Alberto Granados quien, al ser mayor, le sirvió de guía.

El estudiante de medicina descubrió un nuevo mundo alejado de la realidad que lo había contenido en Rosario y en Buenos Aires, con su vida centrada en sus estudios y la práctica de deportes como el rugby.

Tras un segundo periplo por el continente, el camino de la vida lo depositó en la ciudad de México, donde conoció a un joven abogado cubano, Fidel Castro, que inflamaba los ambientes que recorría con un discurso lleno de sueños revolucionarios para su isla.

Ya involucrado en las luchas populares, el "Che" aceptó una invitación de Castro para integrar un comando de invasión a la isla con el fin de derrocar la dictadura de Batista, en un viaje que se inició el 25 de noviembre de 1956 a bordo del barco Gramma y del que sólo pudieron sobrevivir 11 guerrilleros.

Vocero de la revolución
Durante los tres años posteriores, los revolucionarios iniciaron una guerra de guerrillas que sedujo a los cubanos y acosó al gobierno de Batista, quien fue finalmente derrocado el 1 de enero de 1959.

Un día antes, el argentino había hecho otro viaje clave en su vida al bajar con parte de un ejército de militantes y tomar la ciudad de Santa Clara, episodio que precipitó la caída de la dictadura.

En el gobierno de Castro, Guevara fue ministro de Economía y uno de los voceros internacionales más fuertes de la revolución, motivo que lo llevó a recorrer muchos países del mundo.

Su viaje final
Luego de tomar distancia con el gobierno de Fidel Castro, sin que eso afectara su relación con el líder de la revolución, el 3 de noviembre de 1966 dio comienzo a su viaje final ingresando a Bolivia con un nombre falso.

Se perdió en la selva de ese país y, junto con integrantes del Partido Comunista local, intentó dar forma a un gen revolucionario que contó en realidad con muy poca vida.

Con la persecución constante de la CIA y de las fuerzas armadas bolivianas, su fuerza fue diezmada por capturas o deserciones hasta que el 8 de octubre fue herido y detenido.

Lo interrogaron durante 24 horas hasta que sus captores decidieron asesinarlo y exhibirlo ante los pobladores de Valle Grande, el lugar donde el hombre comenzó a ser mito. Al apagarse su vida no terminaron sus viajes, ya que su cuerpo estuvo desaparecido por tres décadas hasta que el julio de 1997 fue rescatado por grupos de antropología forense de Cuba.

Hoy, su rostro inunda millones de remeras en todo el mundo, y su boina calada es un símbolo que supera el escenario político para convertirse en un icono cultural tan influyente como su pensamiento ideológico.

lunes, 1 de octubre de 2007

Pumas, para la historia


Argentina derrotó a Irlanda por 30 a 15 y lo eliminó del Mundial de Francia. El equipo de Loffreda pasó a cuartos de final.

La Selección nacional resolvió con jerarquía y autoridad el partido más esperado de los últimos tiempos. Superó a Irlanda por 30 a 15 y pasó a los cuartos de final del Mundial de rugby en el primer lugar del Grupo “D”. El domingo enfrentará a Escocia, en París. Hernández fue la estrella de Los Pumas, que doblegaron a los europeos con una formidable defensa y con mucha inteligencia para aprovechar sus ataques.

sábado, 29 de septiembre de 2007

jueves, 20 de septiembre de 2007

Pic Nic en Los Campitos

Invitación a todos los argentinos que vivan o estén de visita en Tenerife a festejar el día de la Primavera

Será el día 23 de septiembre al mediodia en el parque Los Campitos en lo alto de Santa Cruz.


Para leer el mapa, hacer click encima de él que se agrandará y podrás verlo con claridad.